viernes, 18 de junio de 2010

Los Tony 2010: Broadway vs. Hollywood



La última entrega del Tony ha vuelto a levantar la polémica sobre la presencia y el impacto que tienen las estrellas de Hollywood en los escenarios de Broadway. No es casual el asunto si consideramos que tres de los premios principales quedaron en manos de Denzel Washington, Scarlett Johansson y Catherine Zeta-Jones, verdaderas megaestrellas del firmamento cinematográfica.

Por Alberto Servat



Catherine Zeta-Jones en su criticada actuación durante la entrega del Tony. *


El intercambio de talentos entre el cine y el teatro siempre ha sido intenso, desconfiado, mal visto. Desde que los hermanos Lumiere dieron a conocer su invento, este acaparó la atención de los actores del mundo entero aunque no de la misma manera en todos los casos. Algunas personalidades de avanzada, incapaces de estar sujetas a las reglas de su tiempo, como Sarah Bernhardt, se pusieron al servicio del nuevo invento sin cuestionarlo. En Inglaterra el impacto fue diferente, menor. Tendría que pasar mucho tiempo para que los actores británicos consideraran seriamente al cine como una forma expresiva. En cuanto a los artistas de Nueva York -desde los grandes trágicos a las Ziegfeld Follies- todos se sintieron atraídos por el cine. Incluso la estrella máxima del Met, la soprano Geraldine Farrar, se convirtió al cine al aceptar interpretar “Carmen” (1915) en una versión muda de Cecil B. De Mille. Impresionada por la llegada que tuvo su imagen a los más recónditos parajes, aceptó interpretar otras películas que poco o nada tenían que ver con su propio arte.
La película “All About Eve” (1950) ilustra perfectamente el sentimiento constante que tuvo la gente de Broadway con respecto a las ofertas que recibían de Hollywood: excelentes sueldos por no hacer nada, películas desechables, portadas en las revistas y poco, muy poco arte. Eso sí, siempre abierta la posibilidad de volver a las tablas. Fueron muchas las personalidades teatrales que se impusieron en ambos medios (John Barrymore, José Ferrer, Matthew Broderick). Otras aceptaron los ofrecimientos de Hollywood dejando para siempre, o por mucho tiempo, su lugar en el teatro (Paul Newman, Al Pacino, Meryl Streep, Barbra Streisand). Y también hubo quienes pese a haber sido tentadas con grandes ofertas de trabajo no lograron consolidarse en la pantalla o prefirieron volver a lo suyo (Alfred Lunt, Lynn Fantanne, Tallulah Bankhead, Geraldine Page,)
Personalmente considero que dividir a los actores en teatrales y cinematográficos es absurdo. Lo que sí creo es que hay algunas que lucen mejor en un medio que en otro. En cuanto a las estrellas cinematográficas sin formación que simplemente tienen suerte aquí o allá, qué puedo decir.
Pero la situación del más reciente Tony no es nueva. Hace unos años sucedió algo parecido pero que, debido a sus protagonistas, nadie cuestionó como ahora. Glenn Close, Matthew Broderick y Ralph Fiennes obtuvieron el Tony y nadie se rasgó las vestiduras. ¿La razón? Los tres mantenían su compromiso teatral más allá de los éxitos que el cine les había reportado.
Ahora la prensa ha sido directa al atacar a los ganadores. E incluso condescendientes. Señalan que Denzel Washington y Scarlett Johansson, “pese a ser estrellas de cine”, hicieron trabajos respetables. Pero destruyeron a Catherine Zeta-Jones, reprochándole una actuación que no estaba a la medida de las circunstancias. Me parece que este ataque se refiere más bien a la performance de la actriz durante la ceremonia de entrega de los premios. Es verdad que lució nerviosa, sobreactuada… amateur. Pero nadie tomaría en serio una actuación sobre el escenario del Radio City, durante una premiación, como muestra de talento.
Es cierto que los productores de teatro en Broadway necesitan de los nombres conocidos para atraer la atención del público. Y, claro, sabemos que sin ese público masivo, que paga más de 100 dólares por un ticket, no hay obra. Pero de allí culpar a esos nombres de falta de talento únicamente porque tienen éxito en el cine, es bastante cruel y revanchista.


* Catherine Zeta-Jones interpreta la canción "Send in the Clowns", del musical "A Little Night Music", de Stephen Sondheim. Actualmente en cartelera en Nueva York.







lunes, 14 de junio de 2010

Agosto: Condado Osage, de Tracy Letts



Por Alberto Servat

Un proceso creativo siempre implica riesgos. Sobre todo cuando se trata de un trabajo conjunto en el que intervienen talentos diversos, provenientes de medios, generaciones e incluso formaciones diferentes. El teatro, cualquiera sea su manifestación, es así.

El escenario se convierte en epicentro donde se forja una obra en base a las contribuciones de sus artífices. Y en el caso de “Agosto: Condado Osage”, las exigencias planteadas por la obra misma multiplican ese proceso en varios dígitos. Escrita por Tracy Letts (1965) y ganadora del premio Pulitzer, “Agosto” no solamente pretende enfocar el desgarro de una familia de clase media en Oklahoma, sino que es un comentario crítico sobre la sociedad de fines de siglo XX.

Más allá del anecdotario sin fin, resuelto en escenas vibrantes y diálogos mordaces, el texto cuestiona la base estructural de una familia como célula de la sociedad. De un matriarcado donde no es en base a la autoridad y la rigidez que se gesta un hogar infeliz, sino por una serie de comportamientos y relaciones disfuncionales que han llevado a sus miembros a odiarse mutuamente. Violeta, la madre, protagonista del drama, es a primera vista un monstruo emocional. Incapaz de reprimir sus sentimientos adversos hacia su propia familia, especialmente hacia sus hijas.

Pero a medida que el drama evoluciona. Cuando vamos conociendo la génesis familiar del cuadro que presenciamos, encontramos también a una Violeta que es víctima de un entorno. No es ella la gestora del infierno familiar, sino una más de sus víctimas. Y es su situación actual –en el momento que el drama se desarrolla frente a nosotros– que resulta más repulsiva porque ya no es dueña de sí misma. Está a merced de los fármacos.

Junto a Violeta los demás personajes lucen como marionetas. Casi siempre débiles, a la espera de un impulso mayor para actuar, defenderse o reaccionar. Tracy Letts maneja con gran estilo los tiempos y nos conduce por un camino largo y elaborado, pero nunca aburrido y mucho menos carente de interés.

“Agosto” llegó a Broadway en diciembre del 2007 y se convirtió en una de las piezas de resistencia de la cartelera neoyorquina hasta junio del 2009. Deanna Dunagan impuso su presencia en el reparto original creando un personaje único y satisfactorio para los críticos (incluso ganó el Tony). Sin embargo, y a diferencia de otros personajes en obras del mismo impacto, sus sucesoras no intentaron imitarla o mantener en cierto margen su registro. Estelle Parsons y Phylicia Rashad lograron creaciones propias por sí mismas, imponiendo características ajenas al personaje escrito: Parsons es una mujer mucho mayor al personaje y más violenta; Rashad es de raza negra, lejos del prototipo habitual de la madre de familia de Oklahoma.

En Buenos Aires, “Agosto” remeció la escena porteña bajo la dirección de Claudio Tolcachir. Norma Aleandro interpretó a Violeta con absoluto dominio de escena, enfatizando más las dificultades para hablar de su personaje. Directa y emocionalmente violenta, supo aprovechar cada minuto sobre el escenario para satisfacción especialmente de sus admiradores.

Es Juan Carlos Fisher el director que se encarga de traer “Agosto” a Lima. Y volvemos al comienzo: el reto ha sido enorme. Nuestro teatro aunque vive un momento de cierta efervescencia, tiene ciertas carencias difíciles de llenar. Como es la ausencia de actores mayores capaces de cubrir la mayor gama de personalidades posibles. Por eso me llamó la atención la elección de Claudia Dammert para el papel estelar. En primer lugar porque siempre hemos identificado a Claudia con un tipo de espectáculo unipersonal enfocado en el humor. De allí la idea de que se trataba de una personalidad mucho más eufórica que la necesaria para interpretar a Violeta. Pero la química Fisher-Dammert ha resultado sorprendente. No queda sino que celebrar el aplomo de la actriz, su tremendo compromiso con el texto y la manera en que se convierte en la columna vertebral de la obra.

“Agosto” es un esfuerzo enorme, un gran trabajo de dirección y un resultado de equipo como pocas veces hemos visto en nuestro teatro. Por eso surgió la idea de crear este blog: para preservar ese proceso creativo, las emociones de algunos de sus artífices y dejarlo plasmado más allá de las notas de prensa que puedan haber sido publicadas durante su estreno.

Las entrevistas en video fueron realizadas el martes 15 de junio del 2010 en el escenario de la obra, en el teatro La Plaza ISIL de Larcomar.



Juan Carlos Fisher, director de esta obra:




La actriz Norma Martínez interpreta a Barbara Weston:




Claudia Dammert vuelve a las tablas como Violeta Weston:



Montserrat Brugué en un rol demandante:


Conversando con el actor Alberto Herrera: